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Las Diferencias entre Hambre Física y la Ansiedad

Conocer las diferencias entre hambre física y la ansiedad es esencial para poder supervisar los impulsos que nos llevan a comer sin medida, puesto que el exceso de comestibles puede afectar a tu salud.

¿Tienes inconvenientes para bajar de peso pues todo el tiempo comes?

¿No puedes parar si bien ya has comido?

Las Diferencias entre Hambre Física y la Ansiedad

Las Diferencias entre Hambre Física y la Ansiedad

Esta vez te vamos a hablar sobre las diferencias entre hambre física y la ansiedad.

La ansiedad es la enfermedad mental más usual a nivel del mundo con lo que es esencial aprender a identificarla.

En la nutrición, la ansiedad nos induce a comer sin ningún género de control.

La meta al comer por ansiedad no es alimentar el organismo sino más bien sustituir por un momento las emociones, sentimientos y angustias.

Conocer las diferencias entre hambre física y la ansiedad es esencial, puesto que el exceso de comestibles puede afectar a tu salud.

Puede provocar trastornos alimenticios severos, por poner un ejemplo, la bulimia inquieta.

El apetito real aparece súbitamente

La primera de las diferencias entre hambre física y la ansiedad es que la primera se presenta cuando el organismo precisa más energía.

Esto ocurre conforme pasan las horas y tu organismo va quemando las reservas de calorías al efectuar sus actividades frecuentes.

Para eludir esta clase de apetito se aconseja hacer comidas ligeras cada pocas horas.

De este modo controlarás tu peso y restituyes gradualmente la energía de tu cuerpo.

Por su lado, la ansiedad provoca apetito en todo instante.

Cuando se experimenta este trastorno, vas a tener la necesidad de comer aun justo después de ingerir comestible.

Si bien no exista ninguna razón para comer, te vas a sentir agobiado por seguir ingiriendo comestibles.

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Es usual que el apetito por ansiedad tienda a acrecentar a lo largo de la noche, cuando puedes meditar más en tus inconvenientes.

Te apetece comer un género de comestible concreto

Otra de las diferencias entre hambre física y la ansiedad es que en la primera no se tiene un deseo particular sobre lo que se comerá.

En un caso así, lo que busca tu cuerpo es conseguir la energía que precisa.

Por esto, podrías comer cualquier cosa.

Por contra, cuando experimentas un ataque de ansiedad, desearás comestibles altos en hidratos de carbono.

En un caso así, podrías tener una fruta o bien un batido saludable a mano y no lo consumirías por el hecho de que simplemente no es lo que te apetece.

En un ataque de ansiedad es común querer ingerir comestibles procesados con un alto contenido de grasas y azúcares, por poner un ejemplo, las papas fritas, los pastelillos, donas, etcétera

El inconveniente con la ansiedad es que, en el momento en que consumes estos productos, puedes caer en una suerte de adicción donde cada vez desearás más comida morralla.

Sigues comiendo, aun cuando ya estás satisfecho

Cuando tienes apetito física solo das a tu cuerpo la cantidad de comestible que requiere.

Por esta razón, cuando te sientes satisfecho, puedes parar de comer.

No obstante, cuando estás deseoso o bien agobiado, sigues comiendo desesperadamente, tal y como si no hubieras comido ya antes.

De esta forma, la ansiedad te conduce a consumir más cantidad de comestibles de los precisos.

Si de manera regular estás deseoso, es muy posible que puedas sufrir sobrepeso o bien obesidad.

Por esta razón, es esencial que aprendas a lidiar con el inconveniente mediante técnicas de relajación.

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En caso contrario, podrías desarrollar inconvenientes metabólicos serios.

Sentimos culpa tras comer

La palabra culpa refiere a que nos sentimos responsables por algo que está mal.

El apetito física no nos causa ninguna culpa, por el hecho de que se trata de una necesidad fisiológica.

Por medio de esta, tu cuerpo se sostiene sano y listo para continuar marchando.

La ansiedad, por contra, provoca culpa.

Este es un efecto ocasionado por las peculiaridades de los comestibles altos en azúcar y grasas insaturadas.

Además de esto, al sostenerte comiendo a lo largo de todo el día vas a sentir pesadez y no vas a poder llevar tu rutina diaria frecuente.

Aprende a reconocer las diferencias entre hambre física y la ansiedad

Es imprescindible que identifiques las diferencias entre apetito física y la ansiedad.

En caso contrario, podrías entrar en un ciclo en el que comes con el propósito de olvidar tus inconvenientes.

Si bien esto podría ser una alternativa veloz para olvidarte de lo que te está afectando, recuerda que no es una actitud sana.

Se ha probado que consumir comestibles ricos en fibra, como frutas y verduras puede asistir a reducir los niveles de ansiedad.

Además de esto, debes obligarte a llevar una dieta baja en azúcares y grasas.

Examina tu comportamiento.

Si te percatas de que comes por ansiedad, asiste con un profesional para buscar ayuda.

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